
Nuestra Historia
Así comenzó todo
En julio de 2008 CreParís abre sus puertas afuera de un autolavado en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. En un pequeño carrito de madera con solo una crepera, dos tipos de masa y un par de filipinas bien planchadas.
Sin embargo, la historia comenzó cuando dos estudiantes de gastronomía pusieron en común su interés por crear algo de lo que fueran dueños, un platillo único que nunca había sido ofrecido al público.
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“Sabíamos que debía ser algo dulce porque el postre es un momento especial, un momento de encuentro y disfrute” -Marcelo.
¡CREPAS!
En algún punto de su adolescencia Paul vendió crepas frente al malecón de Puerto Vallarta y el carrito que había usado en ese entonces permanecía guardado. Cuando le habló a Marcelo de dicho carrito, surgió la idea en común de poner un puesto de las crepas más originales de la ciudad.
Juntos planearon cada detalle y fue así como llegaron a la tan especial receta de la masa dulce y la salada, cada una con la consigna de potenciar el sabor de los ingredientes con que se acompañara. Lograron traer a Guadalajara aquel carrito olvidado, buscaron el mejor lugar para montarlo y promovieron la gran apertura entre familia y amigos.
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Cada una de las recetas es fruto de una gran historia y la esencia de su creador. Una de las más emblemáticas es la “espinacas gourmet” pues más que una receta, es el legado de Don Carmelo, Padre de Marcelo.
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Los primeros clientes de Paul, en aquel entonces en Vallarta, fueron sus amigos, quienes, entre bromas y sin querer, dieron nombre a lo que no imaginaban que llegaría tan lejos: “crePolis”.
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​Por un buen periodo Marcelo y Paul lograron que su negocio funcionara a la par que continuaban con sus estudios; no importaba si había tormenta o examen al siguiente día “CrePolis” siempre abría a la misma hora.


Cada noche se entregaban por completo a sus clientes, quienes se convertían en el público que los ovacionaba con sus repetidas visitas y su sincero reconocimiento.
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Con el tiempo, ambos cayeron en cuenta de la capacidad que tenían para deleitar el paladar y hacer sentir a los clientes parte de una gran familia.
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Fue justo ese el factor que los diferenció de todas las propuestas similares, prueba de ello es que unos años más tarde se cambiaron de ubicación y lo único que se preservó fueron las creperas de gas y el letrero pesado en letras azules que anunciaba: CREPAS.
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El cual, además de ser un letrero cualquiera, era la señal para muchas familias y personas que reconocieron el mismo. Al paso del tiempo, se alegraban saber que se trataba de los mismos creperos del autolavado.
Sin embargo, era un trabajo pesado para dos estudiantes de tiempo completo. Dos años después de haber iniciado operaciones y a muy poco tiempo de terminar la carrera, ambos decidieron tomar la oportunidad de viajar y aprender en otro país. Fue entonces que decidieron dejar “CrePolis” en manos de un buen amigo, sin embargo, no logró mantener el sabor y la calidad en el servicio que los diferenciaba.
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Una vez que regresaron de sus respectivos viajes, decidieron continuar el proyecto que tanta alegría y pasión les había brindado. Para celebrar el nuevo comienzo cambiaron el nombre a CreParís.
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Poco a poco las ganancias crecieron y pudieron brindarles a sus clientes una experiencia que no fuera de paso, si no para quedarse a disfrutar. Y a pesar del esfuerzo que esto implicaba, nunca reemplazaron las creperas de gas por creperas eléctricas; ya que la textura icónica de CreParís se obtiene únicamente a través de ellas.
Fue entonces que a pesar de todos los inconvenientes lograron posicionarse en el lugar que habían soñado desde el principio. En 2010 optaron por la ubicación actual y después de varias reformas llegaron al espacio que hoy conocemos como CreParís.
Creparis es fruto del esfuerzo no solo de Paul y Marcelo, si no también de todas aquellas personas que los apoyaron desde el principio, la total entrega de los primeros colaboradores y aquellos que siguen siendo parte.
Hoy sabemos que este proyecto nació a través de un fuerte lazo de amistad y que hoy por hoy nuestro éxito se mide en la medida en la que podemos ofrecer calidad de vida para nuestros colaboradores y un espacio de calma y gozo para nuestros clientes.
